martes, 23 de junio de 2015

I'm casi back

Sólo falta que el señor de los cables venga a instalarme el teléfono y demás conexiones al cibermundo. De momento he vuelto a otras costumbres más saludables como escuchar la radio o salir al sol. Pero creo que pronto me veréis más a menudo por aquí. Os dejo con Melody Gardot, que me ha salido al encuentro varias veces últimamente.

sábado, 4 de abril de 2015

Milano



Yo estaba nerviosa, no estoy habituada a que nadie me espere en el aeropuerto, y menos alguien a quien no conozco. ¿Cómo haremos? ¿En qué hablaremos? ¿Me reconocerá?.


Pero nada más abrirse la puerta de las llegadas, escuché mi nombre y todo fue más fácil de lo esperado. Allí estaba Gennaro, el antiguo amigo de mi madre, esperándome. Gennaro: Napolitano (pero milanés de adopción), 80 años -aunque aparenta muchos menos-, pelo blanco, sonrisa burlona. Todo un caballero a la antigua usanza. El también estaba un poco nervioso, se había puesto elegante para recibirme, un traje bueno, corbata, zapatos relucientes, como si hubiera quedado con mi madre hace 50 años. Habla en italiano, yo en castellano. Lo entendemos todo. Es un auténtico anfitrión y consigue que yo cambie mi plan inicial de vernos sólo un rato. Decido aceptar su hospitalidad, y sorprendentemente me cuesta seguir su ritmo. Me gustan las explicaciones que me va dando mientras paseamos por el barrio de Brera, "guarda Virginia, guarda", me dice señalando algo. Nunca son observaciones demasiado evidentes o vulgares. Me invita a un helado, me trae un plano de la ciudad, me habla de su familia, de su padre, que era poeta. Me pregunta si prefiero que me deje tranquila, no quiere molestar. Es inagotable, y a medida que pasa el tiempo me parece que su vena napolitana va saliendo a la luz, me encanta cómo habla con todo el mundo, los camareros, los taxistas. Es amable con todos.

Me conmueve cómo me habla de su mujer, que murió hace pocos años. Se refiere a ella como mi amada, mi amor. Definitivamente, Gennaro es el último romántico. 

Le he traído algunas fotos de mi madre a lo largo del tiempo, porque no volvieron a verse jamás, y una carta que él le escribió y que ella había conservado desde el año 61, en un sobre amarillento en el que ella apuntó, 30 años después de conocerse, todas las pistas y anotaciones que le permitieron seguir los pasos de Gennaro: números de teléfono, direcciones, nombres de familiares... Desde que se reencontraron siguieron escribiéndose hasta hace un par de años. 

 Se ha emocionado, nos hemos emocionado los dos.

Mañana hará un año que murió mi madre, y sé que me reconfortará beberme un vino blanco con Gennaro y brindar por ella. Se lo debo.


domingo, 29 de marzo de 2015

This old world keeps spinning round


Ha sido éste un año de despedidas, de capítulos que se cerraban. Una superposición de dolores sobre dolores, aunque el dolor normalmente no viene solo, y trae consigo también sus emociones y regalos. No es que haya asimilado todas mis pérdidas, pero por suerte el mundo sigue girando y yo con él. Uno de los motivos por los que estoy bastante desaparecida, es que estoy reformando una casa en la que viviré a partir de ahora. En un par de meses me mudaré a otro lugar no muy lejano, más cerca del mar, más grande y luminoso. Y mi cabeza está llena de proyectos para esta nueva etapa, creo que necesitaba pasar página, necesitaba un cambio y afortunadamente lo tendré. Cuando me traslade volveré a cocinar, seré ordenada, sabré distinguir entre lo importante y lo accesorio, dormiré mejor, volveré a nadar, haré yoga, no se me morirán todas las plantas, aprenderé a tocar la guitarra, desayunaré en el balcón, leeré los libros de mi torre de "pendientes", los amigos que viven lejos vendrán a visitarme, la vida será más fácil y yo más equilibrada, la gente más feliz, incluso se reducirá el agujero en la capa de ozono. Todo eso como mínimo.

domingo, 22 de marzo de 2015

Laura Marling

Un poco menos folkie que en su última visita al blog (o fue en Espigadora?).

También esto pasará

Nos reímos. Y aunque a pesar de gustarme no me gusta, empiezo a coquetear con él. Y siento cómo la miel empieza a derramarse, líquida y solar, como dos niños a punto de robar una bolsa de golosinas y de salir disparados de la tienda, muertos de risa y de miedo. No es la miel espesa y lenta y oscura por la que estaríamos dispuestos a ir al infierno, pero a fin de cuentas es miel, el antídoto contra la muerte.
Desde tu muerte, y desde antes, tengo la sensación de que lo único que hago es ir rapiñando amor, hacerme con la menor migaja que encuentro por el camino, como si fuesen pepitas de oro. Estoy totalmente arruinada y necesito que me desvalijen. Incluso la sonrisa de la chica del supermercado, el guiño de un desconocido por la calle, una conversación banal con el tío del quiosco, todo me sirve, todo lo apuro, nada es suficiente, nada sirve para nada.

Milena Busquets, También esto pasará

domingo, 1 de marzo de 2015

Los sueños sueños son

(pero siempre dejan su huella)


Mi madre y yo estábamos en Grecia, en alguna isla perdida. Ella se tomaba un apertitivo en una terracita al borde del mar, un mar turquesa y silencioso. Mientras tanto, yo nadaba bajo su atenta mirada, me impresionaba la transparencia y la calma de ese mar que más parecía una piscina. A lo lejos se divisaba otra isla, alguna ruina y yo intentaba llegar a nado hasta ella. Mi madre y su vestido, también turquesa, eran un punto cada vez más lejano y pequeño, pero eso no me inquietaba. Nada me inquietaba. Por fin la paz. 

A mi sueño sólo le ha faltado un sirtaki... cualquier día busco el single que teníamos de Zorba el Griego y me arranco.