domingo, 24 de noviembre de 2013

Robinsona

Lo vi la semana pasada en una librería y tuve que reprimirme para no comprarlo inmediatamente.  Las islas son una de mis debilidades. Cualquier isla. Atlas de islas remotas pertenece a la categoría de libros inútiles a los que no puedo resistirme... En realidad, lo miré, le di vueltas, lo olfateé pero decidí dejarlo y disfrutar unos días más de la espera.

Hoy he leído varias reseñas sobre el libro y no puedo estar más de acuerdo con las palabras de su autora "Los cartógrafos deberían reivindicar su oficio como un verdadero arte poético, y los atlas, como un género literario de belleza máxima".



Brava, Cabo Verde. Aunque se me quedó en el tintero, para mí es la menos remota de la colección. En cuanto lo tenga claro, os diré cuál pienso visitar primero.

martes, 19 de noviembre de 2013

Let's play, little stranger

Quién pudiera coger un banquito y sentarse a tocar algo con ellos.

Esta y otras fotos de David Alan Harvey aquí.

martes, 12 de noviembre de 2013

I'm a seeker

Aunque parezca que estoy en estado de hibernación

Royal Mail

¿Cuándo sería la última vez que recibí una carta de verdad? No me refiero a una postal de algún país exótico, no. Me refiero a una carta, con sus sellos de la reina de Inglaterra (oh my God!) y todo... No lo recuerdo. Marina tiene 18 años y ya no vigila posesiva los pasos de su madre. Bastante tiene con mirar lo que sucede en la calle, en su calle londinense. Y yo le pedí que lo escribiera, y que de vez en cuando me lo contara. Es tan tierna que además me ha comprado en la National Gallery una postal impresionista. ¿Quién no tuvo una época impresionista a los 18?. Así que tengo una nueva interlocutora epistolar. Me costará volver a escribir, porque yo también he perdido la práctica, pero merecerá la pena, en estos tiempos de blogs y guasapes.



domingo, 3 de noviembre de 2013

Las mujeres menguantes

Mi madre nos mira en el espejo del portal. Ella menguada e inclinada, con su bastón en una mano y agarrada a mi brazo con la otra. Le saco bastante más de una cabeza, con la ventaja que me llevaba en sus buenos tiempos. Se nos queda mirando y me dice: "Te estás quedando pequeñita". Yo me sorprendo "¿Quién? ¿yo?", y ella se sorprende de mi sorpresa "Sí, claro, tú."