Terminé el 2015 con muchos nubarrones persiguiéndome, como solía pasarle al tonto de los dibujos animados. Pero misteriosamente el 1 de Enero amaneció despejado y yo aproveché el tirón para decidir tener un año mejor. Como este tímido optimismo me ha pillado tan por sorpresa, no he tenido tiempo ni siquiera de hacerme planes ni propósitos para este año enero nuevo, pero por lo menos he decidido volver a asomarme un poco a esta ventana que tenía cerrada desde hace mucho.
La ginkana navideña me daba pánico, pero una vez más he sobrevivido, gracias a mis ángeles de la guarda: Las visitas fugaces de G., las invitaciones de ella y de Txus, MaBo, Barlon, Saio, Elen, Sandrine, las conversaciones interminables con Rohm y Never, los dibujos de Ara, las llamadas de Martín, la terapia ronroneadora de Oli y sus maullidos para obligarme a levantarme, además de algunas otras cosas inesperadas.
Nubarrones en fuga
Primer paseo del año
No me acerqué demasiado, tal como me pidió R.