Me gustaría intentar describir lo que experimento cuando digo "Ésta vale". Al fin y al cabo, para lograr esas tomas válidas hacemos todo lo demás. Obviamente algunos de los planos de una película no requieren otra cosa que perfección técnica. No me refiero a esos. Hablo de los planos que se refieren a los personajes, o a puntos críticos de la trama, o a los momentos de mayor intensidad emocional. En primer lugar, me coloco tan cerca de la lente como puedo. Algunas veces me siento en la dolly, justo debajo de la lente. O me pongo detrás del hombro del operador. De esta forma, no sólo me pongo tan cerca como puedo del punto de vista del objetivo, sino que me coloco fuera de la línea del ojo del actor.
Ahora viene lo más difícil. Antes de empezar a rodar, hago un rápido repaso mental de lo que precede a este plano, y de lo que viene a continuación. Luego pongo los cinco sentidos en lo que los actores van a hacer. Desde el momento en que los actores empiezan a hacer su papel, yo hago la escena con ellos. En mi interior digo las frases con ellos, hago sus mismos movimientos, experimento sus emociones. Me meto dentro de la escena como si fuera todos ellos. Si la cámara se mueve, miro por el rabillo del ojo la sombra del objetivo para ver si el movimiento mecánico ha sido suave o brusco. Si en algún punto de la toma pierdo la concentración, sé que algo ha salido mal. Entonces pido otra toma. Hay veces, en las tomas especialmente buenas, en que me emociono tanto que dejo de "hacer" la escena y contemplo devotamente el milagro de la buena interpretación. Como ya dije, hay vida ahí. Y cuando fluye es el momento en que digo "Ésta vale". ¿Que si es cansado? Puedes estar seguro de que sí.
Sidney Lumet, Así se hacen las películas