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domingo, 27 de septiembre de 2015

Salmo



¡Qué permeables son las fronteras de los estados humanos!
¡Cuántas nubes las sobrevuelan impunes,
cuánta arena del desierto se trasiega de un país a otro,
cuánta piedra montañosa rueda hacia dominios ajenos
con desafiantes brincos!

¿Es necesario enumerar aquí a cada pájaro que vuela
o se posa sobre una barrera abandonada?
Aun siendo un gorrión ya tiene cola forastera,
pero el pico sí es de aquí. Y ¡cómo se mueve, no para!

De los innumerables insectos sólo mencionaré a la hormiga
que, entre el zapato izquierdo y el derecho del aduanero,
a la pregunta ¿de dónde y a dónde? ni se molesta en dar respuesta.

¡Oh, ver con una sola mirada y con detalle ese desbarajuste
en todos los continentes!
Pues ¿acaso el ligustro de la otra orilla
no matutea por el río su cienmilésima hoja?
¿Quién, sino la jibia, la de los brazos audazmente largos,
viola las sacrosantas aguas territoriales?

¿Se puede hablar de un orden tolerable
si ni siquiera las estrellas se dejan desacoplar
para que quede claro cuál luce para quién?
¡Y, para colmo, el punible derrame de nieblas!
¡Y el retumbar de voces en las serviciales ondas del aire:
chillonas llamadas y borboteos llenos de significado!

Sólo lo humano sabe cómo ser de veras ajeno.
Lo demás son bosques mixtos, trabajo de topos y viento.

Wislava Szymborska, Paisaje con grano de arena
(Trad. de Ana María Moix y Jerzy Wojciech Slawomirski)

miércoles, 18 de septiembre de 2013

Enseres masculinos

Es uno de esos hombres que todo lo quieren hacer ellos mismos.
Hay que amarlo con estantes, cajones y guarismos,
con lo que hay en sus armarios o que por debajo asoma.
Taladros, martillos, tenazas, un crisol, una redoma.
No hay cosa que no sirva para nada.
Varillas de paraguas, resortes, una cuchilla oxidada,
pegamentos medio secos, tubos medio exprimidos,
frascos grandes y pequeños con líquidos ya podridos,
un surtido de piedritas, un yunquecito, un torno,
un despertador y a un lado cien tornillos sin retorno,
un escarabajo muerto dentro de una jabonera,
y esa botella que tiene pintada una calavera,
molduras largas y cortas, enchufes, juntas, un broche,
tres plumas de gallineta traídas del Mamry una noche,
varios corchos de champán atrapados en cemento
y dos lentes chamuscadas durante el experimento
una pila de tablitas y barritas, cartoncitos y plaquitas
que tuvieron algún día -o tendrán- utilidad infinita,
mangos de distintas cosas, jirones de manta, retazos de cuero,
montones de llaves y clavos y un tirachinas de niño certero...
¿Y si tiráramos algo? -pregunté yo una vez, inocente.
El hombre al que amo me miró severamente.

Wislawa Szymborska, Amor feliz y otros poemas

viernes, 12 de abril de 2013

Baile

Mientras no se sepa aún algo seguro,
pues no nos llegan todavía señales,

mientras la Tierra siga siendo diferente
a los planetas hasta ahora cercanos y lejanos,

mientras no se diga ni se escuche nada
sobre otras hierbas honradas por el viento,
sobre otros árboles ceñidos por coronas,
sobre otros animales comprobados como aquí,

mientras no haya un eco, además del nativo,
que sea capaz de entrecortar palabras,

mientras no haya noticia
de peores o mejores mozarts,
edisons, platones,

mientras nuestros crímenes
puedan rivalizar sólo entre sí,

mientras nuestra bondad
siga sin parecerse a nada
y siendo excepcional hasta en su imperfección,

mientras nuestras cabezas llenas de ilusiones
se consideren las únicas cabezas llenas de ilusiones,

mientras sólo desde la bóveda de nuestras bocas
pueda ponerse un grito en el cielo,

sintámonos huéspedes de este refugio,
distinguidos y extraordinarios,
bailemos al son de la banda local

y hagamos como si éste fuera
el baile de los bailes.

No sé si para otros,
para mí esto es del todo suficiente
para ser feliz e infeliz:

un rincón modesto,
en el que las estrellas den las buenas noches
y hacia el que parpadeen
sin ningún significado.

Wislawa Szymborska
, Poesia no completa