jueves, 19 de enero de 2017

La casa



Es necesario dotar a todo niño de una casa. Un lugar que, aún perdido, pueda más tarde servirle de refugio y recorrer con la imaginación buscando su alcoba, sus juegos, sus fantasmas. Una casa: ya sé que se deja, se destruye, se pierde, se vende, se abandona. Pero al niño hay que dársela porque no olvidará nada de ella, nada será desperdicio, su memoria conservará el color de sus muros, el aire de sus ventanas, las manchas del cielo raso y hasta "la figura escondida en las venas del mármol de la chimenea". Todo para él será atesoramiento. Más tarde no importa. Uno se acostumbra a ser transeúnte y la casa se convierte en posada. Pero para el niño la casa es su mundo, el mundo. Niño extranjero, sin casa. En casas de paso, de paseo, de pasaje, de pasajero, que no dejarán en él más que imágenes evanescentes de muebles innobles y muros insensatos. ¿Dónde buscará su niñez en medio de tanto trajín y tanto extravío? La casa, en cambio, la verdadera, es el lugar donde uno trascurre y se trasforma, en el marco de la tentación, del ensueño, de la fantasía, de la depredación, del hallazgo y del deslumbramiento. Lo que seremos está allí, en su configuración y sus objetos. Nada en el mundo abierto y andarín podrá remplazar al espacio cerrado de nuestra infancia, donde algo ocurrió que nos hizo diferentes y que aún perdura y que podemos rescatar cuando recordamos aquel lugar de nuestra casa.

Julio Ramón Ribeyro, Prosas apátridas 

[Muchas gracias, I. por esas pildoritas de última hora]

jueves, 15 de septiembre de 2016

Paco

Un verano tuve un profesor particular de latín que se parecía a Tom Jones pero se llamaba Paco. No era un tipo cualquiera, le gustaba provocar, sorprender y seducir a sus alumnos. Yo tenía 19 años, me había pasado el curso haciendo el vago, me aburrían soberanamente las clases que don S. pasaba recitando a Tito Livio y ni siquiera fui al examen de junio, así que estaba resignada. No recuerdo cómo encontré a Paco. El primer día de clase ya intentó romperme el saque, hizo unos cuantos malabarismos verbales para demostrarme su incuestionable superioridad intelectual, por si tenía alguna duda de quién mandaba allí . "Ni se te ocurra pensar que puedes aprobar. Tienes suficiente con aspirar a no hacer el ridículo", me dijo casi nada más llegar. Era duro conmigo "Llévate este libro y te lo aprendes para mañana. No venimos aquí a perder el tiempo". Me atacaba sin piedad, se mofaba de mis errores y de mi ignorancia sobre cualquier tema, pero al mismo tiempo era un seductor nato. Un Tom Jones en toda regla (intento acordarme de su verdadera cara y no lo consigo, sólo veo a Tom con un polo rosa y unos pantalones de campana). En cuanto llegaba al portal de su casa yo ya detectaba su colonia dulzona (la reconocería sin ninguna duda, aunque hayan pasado 30 años), y se me hacía un nudo en el estómago que no se soltaba hasta que escuchaba a sus hijos corretear por el pasillo, señal de que era hora de terminar.
El bueno de Paco, en aquel mes tan intenso pasó de despreciarme a reirse conmigo y a asegurarme que los demás alumnos no me llegaban a la suela del zapato. Lo que os digo, casi me seduce (me llevaba 30 años). Yo también pasé de temerle a sentir por él cierto aprecio, y me divertía seguirle el juego y desconcertarle con mis ironías. Incluso me enganché a sus clases como quien se engancha a un deporte de riesgo.
Contra todo pronóstico, aprobé latín en septiembre, y no volví a saber de Paco hasta hoy, que me he enterado casualmente de su muerte. Y yo que creía que Tom Jones era inmortal!.

domingo, 12 de junio de 2016

Satisfaction guaranteed

Mi amigo B. siempre insiste en que toque un instrumento, sea cual sea. Es algo que, según él, te cambia la vida (para bien). En su última visita descubrió que el ukelele me cae simpático, y decidió atacar por ahí: "Una vida sin ukelele es una vida malgastada" afirmó categóricamente delante de un café y a una hora en la que todavía se habla en serio. Y yo, que le respeto mucho y que además, siempre estoy buscando pequeños salvavidas, decidí hacerle caso. Me compré un ukelele. Me enteré de todo lo que se cocía en mi ciudad alrededor de esa cosita tan pequeña y manejable. Me apunté a un curso de dos horas y ya podía empezar a cacharrear. Es lo bueno del ukelele: Te enseñan cuatro cositas y ya estás listo para tocar!


Desde ese día he asistido a varias ukedadas, consistentes en reuniones de (unas veinte?) personas de toda edad y condición, con ganas de tocar el ukelele y, a medida que la cosa se relaja, cantar todo tipo de canciones. Cualquier canción es ukelelizable y tocar en grupo me da una alegría que hace tiempo no encontraba en ninguna otra cosa. Como os digo, cualquier canción vale, pero me ha hecho especial ilusión poder tocar alguna de la Creedence, o  alguna  otra, despojada por completo de su halo melancólico. Y claro, también está bien emular a Chuck Berry... que se lo digan a este señor.



Os lo aseguro: Esto es mejor que todas las terapias que conozco.

sábado, 2 de abril de 2016

Portici


Para los habitantes de la ciudad, los soportales constituyen una especie de agenda personal de piedra, ladrillo y adoquines. Uno puede ir a ver a sus acreedores , a su amor secreto, a su acérrimo enemigo, a su madre, al dentista, o a su amigo más antiguo; puede ir a su tienda de café favorita, a la oficina de empleo local, o a ese banco en el que se suele sentar profundamente solo, donde, tal vez, se recoloca la tirita que se ha puesto en el dedo para cubrir una verruga abierta, y adondequiera que vaya irá siempre a cubierto. ¿Y en qué cambia eso nuestra vida? En nada. Pero bajo los soportales, el eco de la vida suena de otra forma. Y al caer la tarde, el Placer y la Desolación pasean de la mano por ellos.

 John Berger, El toldo rojo de Bolonia

miércoles, 3 de febrero de 2016

Let's dance

Quien baila su mal espanta. Ah, que no, que era "quien canta". Sin embargo, viendo esto que nos mandó M., yo creo que vale igual.

jueves, 28 de enero de 2016

París, Texas

Emocionante


Aparte de alguna escena suelta, lo único que recordaba de ella era la famosa banda sonora de Ry Cooder. Hoy por fin, aprovechando que mi única obligación es pasar el tiempo en el sofá mientras me recupero de una gripe, la he visto en condiciones. Qué buena decisión!

miércoles, 13 de enero de 2016

Migraciones


"There's a star-ling whaling in the sky": A murmuration of migrating starlings form the shape of a whale as they cross the sky in southern Israel. 

El ave es un loco ignorante de su propia locura. El instinto que le obliga cada otoño a alzar el vuelo y migrar, a veces, a decenas de miles de kilómetros de distancia, sólo en apariencia le es favorable y vela por su seguridad. Si la razón fuese únicamente el encontrar un buen cebadero con un clima más templado, muchas especies de aves finalizarían su persistente migración mucho antes. Pero estas irresponsables criaturas vuelan más allá, por encima de las montañas, donde sorprendidas por el temporal se hacen añicos contra las rocas, o, sobre tos mares, se hunden en ellos. El propósito de la naturaleza ni siquiera es la despiadada selección natural: en estas circunstancias mueren de igual forma los ejemplares débiles y los más fuertes. Un horrible destino persigue al ganso salvaje del lago Chany. Siente el impulso de despegar cuando aún no ha pelechado y es incapaz de alzar el vuelo. De ese modo, inicia su viaje a pie hacia el sur. Con impaciencia esperan este desfile masivo diferentes tipos de aves rapaces, así como un mamífero con un garrote: el hombre. Y comienza la masacre, aunque esta se repita con regularidad año tras año, siglo tras siglo, y no deje ningún vestigio de recuerdo en la memoria de esta especie. Una travesura aún más diabólica es la que le juega la naturaleza a los lemmings, unos simpáticos animales que viven en madrigueras. Llega un día en que hay tantos en ellas que abandonan en tropel su antigua morada. ¿Para fundar nuevas colonias cercanas? ¡Qué va! Se marchan. Simplemente se marchan, porque es eso lo que dictamina su destino hormonal. Y siguen caminando hasta llegar al mar, donde se ahogan. Esta especie continúa existiendo gracias a los contados individuos de la misma especie que permanecen en las antiguas madrigueras. La historia humana contiene episodios similares. Sólo que nosotros no estamos obligados a sentirnos orgullosos de ellos, mientras que sospecho que sobre los animales pesa, además, el apremio de la felicidad.

Wislawa Szymborska, Lecturas no obligatorias