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domingo, 27 de septiembre de 2015

sábado, 4 de abril de 2015

Milano



Yo estaba nerviosa, no estoy habituada a que nadie me espere en el aeropuerto, y menos alguien a quien no conozco. ¿Cómo haremos? ¿En qué hablaremos? ¿Me reconocerá?.


Pero nada más abrirse la puerta de las llegadas, escuché mi nombre y todo fue más fácil de lo esperado. Allí estaba Gennaro, el antiguo amigo de mi madre, esperándome. Gennaro: Napolitano (pero milanés de adopción), 80 años -aunque aparenta muchos menos-, pelo blanco, sonrisa burlona. Todo un caballero a la antigua usanza. El también estaba un poco nervioso, se había puesto elegante para recibirme, un traje bueno, corbata, zapatos relucientes, como si hubiera quedado con mi madre hace 50 años. Habla en italiano, yo en castellano. Lo entendemos todo. Es un auténtico anfitrión y consigue que yo cambie mi plan inicial de vernos sólo un rato. Decido aceptar su hospitalidad, y sorprendentemente me cuesta seguir su ritmo. Me gustan las explicaciones que me va dando mientras paseamos por el barrio de Brera, "guarda Virginia, guarda", me dice señalando algo. Nunca son observaciones demasiado evidentes o vulgares. Me invita a un helado, me trae un plano de la ciudad, me habla de su familia, de su padre, que era poeta. Me pregunta si prefiero que me deje tranquila, no quiere molestar. Es inagotable, y a medida que pasa el tiempo me parece que su vena napolitana va saliendo a la luz, me encanta cómo habla con todo el mundo, los camareros, los taxistas. Es amable con todos.

Me conmueve cómo me habla de su mujer, que murió hace pocos años. Se refiere a ella como mi amada, mi amor. Definitivamente, Gennaro es el último romántico. 

Le he traído algunas fotos de mi madre a lo largo del tiempo, porque no volvieron a verse jamás, y una carta que él le escribió y que ella había conservado desde el año 61, en un sobre amarillento en el que ella apuntó, 30 años después de conocerse, todas las pistas y anotaciones que le permitieron seguir los pasos de Gennaro: números de teléfono, direcciones, nombres de familiares... Desde que se reencontraron siguieron escribiéndose hasta hace un par de años. 

 Se ha emocionado, nos hemos emocionado los dos.

Mañana hará un año que murió mi madre, y sé que me reconfortará beberme un vino blanco con Gennaro y brindar por ella. Se lo debo.


domingo, 29 de marzo de 2015

This old world keeps spinning round


Ha sido éste un año de despedidas, de capítulos que se cerraban. Una superposición de dolores sobre dolores, aunque el dolor normalmente no viene solo, y trae consigo también sus emociones y regalos. No es que haya asimilado todas mis pérdidas, pero por suerte el mundo sigue girando y yo con él. Uno de los motivos por los que estoy bastante desaparecida, es que estoy reformando una casa en la que viviré a partir de ahora. En un par de meses me mudaré a otro lugar no muy lejano, más cerca del mar, más grande y luminoso. Y mi cabeza está llena de proyectos para esta nueva etapa, creo que necesitaba pasar página, necesitaba un cambio y afortunadamente lo tendré. Cuando me traslade volveré a cocinar, seré ordenada, sabré distinguir entre lo importante y lo accesorio, dormiré mejor, volveré a nadar, haré yoga, no se me morirán todas las plantas, aprenderé a tocar la guitarra, desayunaré en el balcón, leeré los libros de mi torre de "pendientes", los amigos que viven lejos vendrán a visitarme, la vida será más fácil y yo más equilibrada, la gente más feliz, incluso se reducirá el agujero en la capa de ozono. Todo eso como mínimo.

sábado, 30 de agosto de 2014

Fin de etapa



Ayer recogí los últimos bultos que quedaban en casa de mi madre: la aspiradora, las carpetas con facturas y papeles importantes, la caja con todas las fotos familiares, un jersey de ella que finalmente no pude tirar al contenedor de ropa. Me esperaban en el portal y recogí todo rápidamente sin pararme a pensar, aunque es cierto que llevo muchos días despidiéndome de la casa. Ver los huecos vacíos, sin muebles, sin cuadros, sólo con marcas en las paredes y muchas huellas de nuestro paso por allí (toda una vida, al fin y al cabo), me resultaba aún más conmovedor.
Estos días he pasado muchos ratos sentada en el suelo (ya no había sillas) repasando las cosas que he vivido allí, olfateando los armarios vacíos...supongo que es esa la única forma de despedirse de los lugares.
Siento una mezcla de tristeza, alivio y cansancio infinito. Siento que la entrega de mi llavero azul marcará un antes y un después en mi vida; a partir de hoy tendré que descubrir de nuevo dónde está mi casa, a dónde puedo volver. A partir de hoy serán otras personas las que ocupen ese espacio y eso aún me resulta inconcebible, pero supongo que no tardaré en acostumbrarme.
Pero estos días observo todo el proceso como uno de los momentos cruciales de la vida, el momento en el que definitivamente y aunque me resista, me habré hecho mayor.

domingo, 4 de mayo de 2014

Gennaro


 Mi madre (con pañuelo), en el sur de Italia

Antes de casarse, en los años 60, mi madre hizo con sus amigas un viaje a Italia del que me habló durante toda su vida. Durante aquel viaje hicieron varios amigos con los que, al volver a casa, intercambiaron algunas postales y después desaparecieron sin dejar rastro. Pero hace unos 15 años mi madre encontró en un papel amarillento la dirección de uno de ellos, Gennaro. Tuvo el impulso de escribirle, de preguntarle qué había sido de su vida en todos estos años. Creo recordar que no fue fácil dar con él, pero no tardó mucho en conseguirlo. Un día, de pronto, me encontré a mi madre toda excitada hablando por teléfono en italiano (pero no sabía italiano). Yo soy muy de impulsos de ese tipo, así que me metí en la historia por completo.
En fin, que de aquello resurgió una amistad que se ha mantenido a lo largo de los años, por vía casi exclusivamente epistolar. Gennaro y su mujer, Gulseren casi forman parte de la familia desde entonces, aunque estos últimos años, la precaria salud de todos ha distanciado mucho sus cartas.
Ayer por primera vez, fui yo quien escribió a Gennaro para darle la noticia de la muerte de mi madre, su amiga. Él, que ya ha cumplido 80 años, me ha escrito un mensaje largo y emocionante que me ha hecho llorar. He tenido que prometerle que en cuanto pueda iré a conocerle. Aunque tenga que hablar italiano (que no sé).

miércoles, 9 de abril de 2014

Ma mère


 Madre: en el fondo de tu vientre se hicieron en silencio mis ojos, mi boca, mis manos.

Gabriela Mistral

[Gracias a JAM por la cita y a todos por vuestro apoyo en estos días tan tristes. Y gracias a mi madre, claro, por lo que me quiso.]