domingo, 1 de febrero de 2015

Grandma's hands

(Esa niña soy yo)

Recuerdo nítidamente las manos de mi grandma’ María. Sus dedos torcidos y arrugados. Recuerdo su olor y sus mimos, le gustaba cogerme de la  mano e ir acariciándome los dedos, uno por uno y vuelta a empezar, nunca se cansaba.
Mi amama María era alegre y serena, valiente y muy ingeniosa. Se aficionó mucho al cine durante el tiempo en el que mi abuelo fue encargado de una sala en Barakaldo y se conocía al dedillo todas aquellas películas y actores clásicos cuyos nombres pronunciaba a su manera. Siempre estaba dispuesta a escuchar una buena historia del tipo que fuera. Cuando era ya muy mayor y vivía con nosotros, podía pasar una noche en blanco leyendo lo mismo la biografía de Ingrid Bergman que nuestras novelas adolescentes de detectives, se metía en las historias con pasión absoluta y por la mañana, mientras desayunábamos nos decía “esto es un veneno”, porque la literatura le gustaba tanto que aquello tenía que ser vicio.
Recuerdo la casa de mi amama María, la mesa de mármol en su cocina blanca, el pasillo oscuro por el que corríamos, su armario de secretos, su mirada azul casi transparente, sus observaciones siempre agudas, nuestros intensos diálogos en silencio cuando perdió la capacidad de hablar. Su cuadro del puente viejo de Ondarroa siempre añorado por ella, sus historias de hazañas marineras familiares, la suya fue una familia de pescadores.
Siempre que me sucede algo muy bueno me acuerdo de ella, y brindo a su salud, porque no he conocido a nadie con semejante afición por celebrarlo absolutamente todo. Si siguiera un poco más su ejemplo, otro gallo cantaría.

2 comentarios:

la Jen dijo...

escribes y piensas bonito

Vir dijo...

Ella sí era bonita!