martes, 18 de junio de 2013

Los cigarrillos o la vida

Los internos comunes jamás fumábamos los cigarrillos ganados: se cambiaban por alimentos. El privilegio de fumar estaba reservado a los kapos, con su cuota semanal asegurada; a veces, también algún prisionero que trabajaba como capataz en un almacén o taller y recibía cigarrillos como compensación por realizar tareas peligrosas. ¡Si un interno se fumaba sus propios cigarrillos evidenciaba un muy mal presagio! Significaba un síntoma inequívoco de la pérdida de su voluntad de vivir y un abandono fatalista para "disfrutar" al máximo de los pequeños placeres en los últimos días de vida. Señal, además, de haber renunciado a la lucha por la supervivencia, y una vez perdida la voluntad de vivir, raramente se recuperaba.  

Viktor Frankl, El hombre en busca de sentido

[He necesitado muchos años para ser capaz de leer un libro sobre el holocausto, aunque en realidad es un libro sobre cualquiera de nosotros. Y posiblemente debería haberlo leído hace años, cuando lo vi por primera vez en las estanterías de mis padres.]

1 comentario:

shichimi dijo...

a mí me ha pasado al revés. leí bastante sobre el holocausto y ahora ya no puedo leer más.