domingo, 4 de enero de 2015

peu a peu

Año viejo, año nuevo

No me atrevía ni a pensar cómo sería una nochevieja en otro lugar diferente a la casa de mi madre. Quería dormirme y despertarme cuando todo hubiera vuelto a la normalidad. Pero no hizo falta, siempre hay algún ángel de la guarda que me salva del desastre. Cambié de año en el pueblo y me comí las doce uvas en una cocina caliente, rodeada de niños y gente inesperada. No me puedo quejar, ese primer paseo del año a través de caminos helados me devolvió un poco de esa serenita' que tan amorosamene me deseó Gennaro hace unos días. A partir de ahora, las cosas sólo pueden ir a mejor. Entre mis deseos, volver más a menudo por aquí, y cielos azules también para vosotros.

 Último sol del año

 Uvas

 Pirotecnia rural
 Frío 2015




 Paseo helado

Nada parece tan terrible bajo este azul.


sábado, 13 de diciembre de 2014

Aviones

Y no me entusiasma demasiado la espera interminable del equipaje después de aterrizar, ni el jet lag que te excava un túnel transatlántico en el cráneo con una cucharilla particularmente roma. Es lo de en medio lo que me gusta, esa parte en la que estás encerrado en una caja de metal que está flotando entre el cielo y la tierra. Una caja de metal que está totalmente separada del mundo, dentro de la cual no existe el tiempo real, ni el clima real, sólo una rodaja jugosa de limbo que dura desde el despegue hasta el aterrizaje.
Y, por raro que parezca, esos vuelos no sólo significan comerme el plato precocinado y recalentado que el sardónico publicista de la aerolínea decidió llamar "Delicia de Gran Altitud". Para mí son una especie de desvinculación meditativa del mundo. Los vuelos son momentos expansivos en los que el teléfono no suena e internet no funciona. La máxima de que el tiempo de vuelo es tiempo perdido me libera de mis ansiedades y sentimientos de culpa, y me despoja de todas las ambiciones, dejando sitio para una especie de existencia diferente. Una existencia feliz, idiota, la de alguien que no intenta sacar el máximo provecho al tiempo, sino que se contenta sencillamente con encontrar el modo más placentero de pasarlo.

Etgar Keret, Los siete años de abundancia

domingo, 21 de septiembre de 2014

Viaje sentimental

Ya sé que el turismo ha destruído Venecia. Pero no podía morirme sin recorrer sus canales. De momento no tengo intención de morirme, pero por si acaso, me escapo. Será algo fugaz. Un viaje sentimental pero de ninguna manera triste.

Hasta ahora, la Venecia que tengo en la cabeza es esa en blanco y negro que Ana me enseñó en sus fotos, hace tantos años que he perdido la cuenta. Me la imagino con su mirada miope y su Nikon colgada del cuello parada en cualquier esquina, mirando. Ahora me tocará mirar a mí.



Fotos: Ana L. de Munain


domingo, 14 de septiembre de 2014