Rubia o morena, qué más da. Con ese carácter y ese chorro de voz no es fácil confundirla con otra.
JOY
Esta canción, para Maite, la simpática donostiarra que nos alegró la noche.
lunes, 17 de junio de 2013
miércoles, 12 de junio de 2013
Lucinda Williams
Nos visita. Y yo que la tenía por ahí perdida desde los años 90...
Qué menos que sacar la camisa de cuadros y acercarnos!
martes, 11 de junio de 2013
Regalos
E. me ha traído hoy dos regalos: Una docena de huevos de sus gallinas, y una preciosa taza del Museo de Historia Natural de Londres.
Pildoritas de bonheur
viernes, 7 de junio de 2013
3, 2, 1, descomprimiendo...
Es curioso que aunque me espere un fin de semana enmarronado por completo, llegan las tres de la tarde del viernes y me vengo arriba por lo menos durante un rato. Así que os pongo una canción para descomprimir el cerebro, aunque en realidad, más que de viernes por la tarde, veo esta canción como para el clásico momento épico del sábado por la noche, cuando se encienden las luces del bar anunciando el cierre, y todos parecen eufóricos y amigos para siempre.
Oh baby, take me in your arms, please!
Oh baby, take me in your arms, please!
domingo, 2 de junio de 2013
sábado, 1 de junio de 2013
Manu
Fueron los días más tormentosos de mi vida, y que el niño hubiese nacido sin problemas los convirtió en un bálsamo. Ya todo tenía su orden en el universo. De golpe fue lo más natural del mundo que mi prima, que nació un mes más tarde que yo, hubiese parido al mismo tiempo que Ana y estuviese con su bebé en la habitación de enfrente. Había una cierta coherencia en que mi abuelo estuviese dos plantas más arriba incapaz de reaccionar al coma en que lo había dejado el ictus. Podía decirse que por las buenas y por las malas mi familia había tomado el Hospital Provincial de Pontevedra. Me cruzaba en la cafetería con los hermanos de Ana, veía fugazmente a mis padres subiendo unas escaleras, mi tía entraba en la habitación como ATS, llamaba mi primo desde Antibes a la habitación de su hermana y me ponía yo, mis tíos se enjugaban las lágrimas de vuelta de la planta de Neurología a la de Maternidad, donde sonreían y nos felicitaban como si fuese Nochevieja.
Todo aquello devino en brote, claro. En la segunda noche, con Ana y el niño durmiendo, cogí un folio en blanco y esbocé un pequeño mapa del hospital marcando las zonas de influencia y señalizando con colores las máquinas de agua y las máquinas de chuches según fueran de la familia o estaban en poder del enemigo, tal que objetivos militares. Acababa a las seis de la mañana medio enloquecido, tiraba el folio por el váter para evitar que Ana lo viese y me internasen en Psiquiatría (lo que bien mirado nos hubiera dado poder en un ala del centro que teníamos desasistida, pese a los esfuerzos de una amiga de Ana que apareció en nuestro cuarto con una caja de champán) y me metía en cama, donde me dormía hasta que aparecía la de turno a pegar voces.
Al mediodía, cuando estaba ya disponible y duchado, ejercía mi papel de anfitrión del sancta sanctorum; cualquiera que me viese diría que en aquella habitación se especulaba con drogas. Escondía la vía de Ana y de mi prima para que bajasen a fumar, recibía visitas sospechosas que metía en el baño como si me fuesen a pasar armas, pero allí solo los abrazaba en silencio mientras les decía: «No digas nada»; salía y entraba mirando a mis espaldas mientras en la planta empezaba a correrse la voz de que realmente no era malo, sino un poco esquizofrénico.
Manuel Jabois, Manu
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Escuchar a Ruper Ordorika es estar en casa.
Desde los tiempos de Ez da posible hasta otros más recientes, pasando por sus aventuras con Hiru Truku, siempre anda por ahí cerca, como si fuera un primo segundo de casi todos nosotros. Y a todos nos cae bien, cosa rara.
A esa folkie escondida que hay en mí la tengo a raya, pero con Hiru Truku le dejo alegrarse.
A esa folkie escondida que hay en mí la tengo a raya, pero con Hiru Truku le dejo alegrarse.
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cause you took my joy
i don't want you anymore
you took my joy
you took my joy
i want it back
you took my joy
i want it back