¿Cuándo sería la última vez que recibí una carta de verdad? No me refiero a una postal de algún país exótico, no. Me refiero a una carta, con sus sellos de la reina de Inglaterra (oh my God!) y todo... No lo recuerdo. Marina tiene 18 años y ya no vigila posesiva los pasos de su madre. Bastante tiene con mirar lo que sucede en la calle, en su calle londinense. Y yo le pedí que lo escribiera, y que de vez en cuando me lo contara. Es tan tierna que además me ha comprado en la National Gallery una postal impresionista. ¿Quién no tuvo una época impresionista a los 18?. Así que tengo una nueva interlocutora epistolar. Me costará volver a escribir, porque yo también he perdido la práctica, pero merecerá la pena, en estos tiempos de blogs y guasapes.

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