domingo, 27 de septiembre de 2015

lunes, 31 de agosto de 2015

Agosto



Sol, vacaciones, silencio, charlas nocturnas, girasoles, películas (thanks, R!), champagne, visitas, regalos, tomate, playa, magurios, girasoles, atardeceres, y una nueva habitante en casa.

 El mejor baño de agosto
 
Puntako tomateak
 

 Los girasoles de cada agosto
 
 Regalo de A.
 
 Clásico veraniego
 
 Porque hoy es hoy
 
 Magurios y Mahou
 Olivia et moi

martes, 14 de julio de 2015

lunes, 6 de julio de 2015

El mejor momento del día

Frescas noches de verano.
Las ventanas abiertas.
Las lámparas encendidas.
Fruta en el frutero.
Y tu cabeza sobre mi hombro.
El momento más feliz del día.

El amanecer,
desde luego. Y ese momento
justo antes de comer.
Y las primeras horas
de la tarde.
Pero amo

estas noches de verano.
Más incluso, me parece,
que todos esos otros momentos.
El trabajo terminado por ese día.
Y nadie que nos pueda alcanzar en ese momento.
O nunca.

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The Best Time Of The Day

Cool summer nights.
Windows open.
Lamps burning.
Fruit in the bowl.
And your head on my shoulder.
These the happiest moments in the day.

Next to the early morning hours,
of course. And the time
just before lunch.
And the afternoon, and
early evening hours.
But I do love

these summer nights.
Even more, I think,
than those other times.
The work finished for the day.
And no one who can reach us now.
Or ever.

Raymond Carver, Todos nosotros


sábado, 27 de junio de 2015

Better things

Thanks, B.

Distancias

Sudáfrica

Cuando me mudé a Johannesburgo, los primeros días aprendí rápidamente el significado de las distancias. Como aún no tenía coche, iba caminando a los sitios y a veces me daba por preguntar. ¿Está lejos tal o cual centro comercial para ir andando?, decía, por ejemplo.
Si preguntaba a un blanco, la respuesta invariablemente era sí. No entendía bien qué les pasaba a los blancos sudafricanos con las distancias. Jamás andaban. Una vez me pareció ver a mi vecina, una sudafricana gorda de origen polaco, ir en coche a regar las plantas del jardín.
Luego, si el interpelado era negro, mi desconcierto aumentaba. Amigo, ¿tal sitio está demasiado lejos para ir a pie? Siempre, aunque estuviera planteando ir a Sebastopol, la respuesta era no. Nunca había nada demasiado lejos para ir andando. 
Normalmente hacía la media entre las dos respuestas y acababa comprando un billete de avión.

 Xavier Aldekoa, Océano Africa