No me atrevía ni a pensar cómo sería una nochevieja en otro lugar diferente a la casa de mi madre. Quería dormirme y despertarme cuando todo hubiera vuelto a la normalidad. Pero no hizo falta, siempre hay algún ángel de la guarda que me salva del desastre. Cambié de año en el pueblo y me comí las doce uvas en una cocina caliente, rodeada de niños y gente inesperada. No me puedo quejar, ese primer paseo del año a través de caminos helados me devolvió un poco de esa serenita' que tan amorosamene me deseó
Gennaro hace unos días. A partir de ahora, las cosas sólo pueden ir a mejor. Entre mis deseos, volver más a menudo por aquí, y cielos azules también para vosotros.
Último sol del año
Uvas
Pirotecnia rural
Frío 2015
Paseo helado
Nada parece tan terrible bajo este azul.