sábado, 30 de agosto de 2014

Fin de etapa



Ayer recogí los últimos bultos que quedaban en casa de mi madre: la aspiradora, las carpetas con facturas y papeles importantes, la caja con todas las fotos familiares, un jersey de ella que finalmente no pude tirar al contenedor de ropa. Me esperaban en el portal y recogí todo rápidamente sin pararme a pensar, aunque es cierto que llevo muchos días despidiéndome de la casa. Ver los huecos vacíos, sin muebles, sin cuadros, sólo con marcas en las paredes y muchas huellas de nuestro paso por allí (toda una vida, al fin y al cabo), me resultaba aún más conmovedor.
Estos días he pasado muchos ratos sentada en el suelo (ya no había sillas) repasando las cosas que he vivido allí, olfateando los armarios vacíos...supongo que es esa la única forma de despedirse de los lugares.
Siento una mezcla de tristeza, alivio y cansancio infinito. Siento que la entrega de mi llavero azul marcará un antes y un después en mi vida; a partir de hoy tendré que descubrir de nuevo dónde está mi casa, a dónde puedo volver. A partir de hoy serán otras personas las que ocupen ese espacio y eso aún me resulta inconcebible, pero supongo que no tardaré en acostumbrarme.
Pero estos días observo todo el proceso como uno de los momentos cruciales de la vida, el momento en el que definitivamente y aunque me resista, me habré hecho mayor.

martes, 5 de agosto de 2014

Verano


La luz del sur me cura de casi todo.
Por primera vez en muchos años, vacaciones de verdad (sin la angustia del teléfono). Cortas pero perfectas.
Soy una suertuda.
 


domingo, 4 de mayo de 2014

Gennaro


 Mi madre (con pañuelo), en el sur de Italia

Antes de casarse, en los años 60, mi madre hizo con sus amigas un viaje a Italia del que me habló durante toda su vida. Durante aquel viaje hicieron varios amigos con los que, al volver a casa, intercambiaron algunas postales y después desaparecieron sin dejar rastro. Pero hace unos 15 años mi madre encontró en un papel amarillento la dirección de uno de ellos, Gennaro. Tuvo el impulso de escribirle, de preguntarle qué había sido de su vida en todos estos años. Creo recordar que no fue fácil dar con él, pero no tardó mucho en conseguirlo. Un día, de pronto, me encontré a mi madre toda excitada hablando por teléfono en italiano (pero no sabía italiano). Yo soy muy de impulsos de ese tipo, así que me metí en la historia por completo.
En fin, que de aquello resurgió una amistad que se ha mantenido a lo largo de los años, por vía casi exclusivamente epistolar. Gennaro y su mujer, Gulseren casi forman parte de la familia desde entonces, aunque estos últimos años, la precaria salud de todos ha distanciado mucho sus cartas.
Ayer por primera vez, fui yo quien escribió a Gennaro para darle la noticia de la muerte de mi madre, su amiga. Él, que ya ha cumplido 80 años, me ha escrito un mensaje largo y emocionante que me ha hecho llorar. He tenido que prometerle que en cuanto pueda iré a conocerle. Aunque tenga que hablar italiano (que no sé).

Shanghai

Nada como escapar a la otra punta del mundo para resetear.

Pudong, desde el Bund

Día de colada

Tranquilidad callejera


Broadway Mansions Hotel


Pasado y presente
Templo de Confucio
Años 30


Lujo en Nanjin Lu
Shanghai Financial Center
El Bund casi invisible Desde la Torre Jin Mao
Piso 88


Callejones
Normandie Apartments (años 20)

Detrás del Bund

Andamios de bambú

Dumplings en el Din Tai Fung. Enganchan.

Bibimbap coreano

Berenjena con cangrejo

The Bund


miércoles, 9 de abril de 2014

Ma mère


 Madre: en el fondo de tu vientre se hicieron en silencio mis ojos, mi boca, mis manos.

Gabriela Mistral

[Gracias a JAM por la cita y a todos por vuestro apoyo en estos días tan tristes. Y gracias a mi madre, claro, por lo que me quiso.]